Calcetines PARACHANCLAS! en la Isla de Pascua

Calcetines PARACHANCLAS! en la Isla de Pascua

Hoy hace 100 años del nacimiento del explorador y biólogo noruego Thor Heyerdahl, quien recorrió 4.700 millas en una rudimentaria balsa, la Kon Toki,  para demostrar que la Polinesia podría haber sido colonizada desde Sudamérica y no desde Asia. Google le dedica a este aventurero uno de sus famosos ‘doodle’ con imágenes de los Moais de la Isla de Pascua que nos han recordado a la maravillosa semana que pasamos en este remoto lugar.

“En medio del Gran Océano, en una región por la que nadie pasa jamás, hay una isla misteriosa y perdida: no existe otra tierra en sus proximidades, sólo inquietas y vacías inmensidades la circundan. Sembrada está de altas estatuas monstruosas, obra de ignorada raza, degenerada hoy, o desaparecida, y es un enigma su pasado.” (Pierre Loti, 1899)

Este verano, las circunstancias de la vida, nos ha brindado la ocasión de presumir de calcetines PARACHANCLAS! en la Isla de Pascua y hemos sido la sensación del lugar. En julio es invierno en Chile aunque la temperatura de la isla, situada en medio del Pacifico y parte de polinesia, es de entre 18 y 23 grados durante todo el año. Lo mejor de estas fechas es la poca gente que estaba de visita en la isla. Disfrutamos de los Moais prácticamente solos y eso es un lujo en el siglo XXI.

Atardecer bajo la mirada del moai con ojos de Tahai

Atardecer bajo la mirada del moai con ojos de Tahai

Desafortunadamente solo pudimos aprovechar cinco días a principios de julio, suficientes para visitar las principales atracciones de la isla aunque nos hubiéramos quedado semanas para descansar en un ambiente único de paz y relajación en un entorno inigualable y misterioso.

Pasamos las noches en las cabañas de Cristophe, un francés que hizo el servicio militar en la polinesia y a la vuelta se enamoró de la isla y de una de sus mujeres, con la que se casó y tiene dos preciosos niños. La cabaña, con preciosas vistas al acantilado, está a las fueras de Hanga Roa, la capital y único núcleo “urbano” de la isla. Allí está el aeropuerto, con una extraordinaria pista de aterrizaje patrocinada por los “yanquis” hace algunos años. Por su ubicación estratégica la pista era ideal para ser usada como alternativa de emergencia para el aterrizaje de los transbordadores espaciales.

El primer día, Cristophe nos hizo una breve visita guiada y nos prestó una guía que nos encantó y os recomendamos sin duda, “Descubriendo la Isla de Pascua” de James Grant-Peterkin.

Lo más recomendable es alquilar un coche. Podréis experimentar lo que se siente conduciendo sin cinturón (no es obligatorio) y sin seguro!!!. El movimiento de coches en la isla es muy pequeño. Se tarda aproximadamente una hora en bordear el lado este de la isla y volver por la carretera central, desde la maravillosa playa de Anakena y el único lugar donde podemos encontrar palmeras importadas de otras islas de la polinesia. La isla llegó a quedar completamente deforestada, unos dicen que los Rapanui talaron todos los árboles para poder transportar los cada vez más grandes Moais, otros que algunos colonizadores polinesios trajeron en sus canoas una especie de rata que exterminó todas las palmeras. Estuvimos al atardecer. Todos los Moais tienen un atractivo especial al caer el sol y es un lujo “ravalear” o fundir el rojo anaranjado intenso de nuestro modelo Raval con el azul del cielo.

El Raval en la Playa de Anakena

El Raval en la Playa de Anakena

Los dos lugares más impresionantes de la isla están muy cerquita el uno del otro. Por un lado está Rano Raraku, la cantera donde se esculpieron los moais y donde todavía hay casi 400 moais inconclusos. La visita permite pasear dentro de un inmenso cráter cuyas paredes están cubiertas de vegetación y salpicada de Moais colocados al azar y en diferentes estados de conservación. Es el único lugar junto con Orongo, la aldea ceremonial donde se celebraba la Competencia del hombre pájaro, en el que se solicita entrada para acceder. El resto de lugares son de libre acceso.

Por otro lado esta Ahu Tongaraki, la plataforma ceremonial más grande de Isla de Pascua, con 15 moáis restaurados. El lugar es óptimo para visitar al amanecer, por la tarde o antes del atardecer y así lo hicimos, fuimos 3 veces y lucimos nuestro modelo Raval…

Los 15 moais de Ahu Tongaraki al amanecer.

Los 15 moais de Ahu Tongaraki al amanecer.

Cerca de Hanga Roa está Tahai, una aldea originaria Rapanui a la que se puede acceder caminado desde el pueblo y donde pasamos muchas horas tumbados en la hierba disfrutando de las puestas de sol y nos hicimos amigos de una perrita muy cariñosa . Allí está el único Moai con una replica de un par de ojos.

Haciendo amigas frente a una de las plataformas de Tahai.

Haciendo amigas frente a una de las plataformas de Tahai.

Los Rapa Nui tenían la creencia de que el “mana” (energía espiritual) de las personas continuaba existiendo después de la muerte, con capacidad para influir en los acontecimientos. En la Isla de Pascua, cuando moría el jefe de una tribu se mandaba esculpir un Moai que se colocaba mirando de espaldas al mar para vigilar a su pueblo y extender sobre él un manto protector…

Relax al atardecer.

Relax al atardecer.

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